Alberto Núñez Feijóo, “El ‘mirlo blanco’ que hizo volar al PPdeG y que todavía sigue al alza”, un interesante artículo en “El Correo Gallego”

 

Escribe hoy en el periódico “El Correo Gallego” una información del periodista S. Arias titulada “El ‘mirlo blanco’ que hizo volar al PPdeG y que todavía sigue al alza”  y subtitulada “Alberto Núñez Feijóo, candidato a liderar el partido hasta 2025, sigue siendo visto por los suyos como una garantía de éxito y, tras unos comienzos difíciles, en lugar de acumular desgaste suma cada vez más partidarios”

Reseño literalmente la misma por cuanto suscribo íntegramente su contenido y además por incluir dos fotografías de su inicio al frente del PPdeG.

En la primera Fraga es abrazado cariñosamente por Feijóo. Y en la otra Mariano Rajoy alza la mano de Alberto Núñez Feijóo y detrás aparece el añorado Gerardo Fernández Albor y yo mismo. 

Una foto en la que todos desbordabamos satisfacción y que confirma, quince años después, la acertadísima apuesta que hicimos los populares gallegos al elegir a Alberto como presidente de nuestro Partido, pues nos llevó con su liderazgo desde 2009 a presidir la Xunta de Galicia.

Dice así la información: “El PPdeG siempre fue un partido con ángel en Galicia. Sin embargo, un revés electoral en 2005 amenazó con cortarle las alas por un puñado de votos que le arrebataron la mayoría absoluta. La pérdida de la Xunta después de 16 años de Manuel Fraga como presidente parecía empujar a los del charrán hacia un largo infierno en la oposición a la sombra de un bipartido formado por socialistas y nacionalistas. Con el León de Vilalba otra vez de vuelta en Madrid para acabar su carrera política en el Senado, a la organización le hacía falta un mirlo blanco que le hiciera levantar el vuelo.

Y llegó. Una joven promesa nacida en Os Peares, cuya puesta en escena ya apuntaba un cierto aire celestial. Fue en enero de 2006, durante el congreso en el que Alberto Núñez Feijóo sucedió como líder del PPdeG al fallecido presidente fundador del partido y en el que sentó las bases de cuál sería su personalidad como capitán de la nave: “No sé si soy, dentro de sus apóstoles, San Pedro, San Juan o el señor Santiago, pero le digo una cosa, don Manuel: yo nunca seré un Judas”, afirmó como muestra de lealtad. Tampoco fue un delfín, vitola que sí se colgaba a Xosé Cuiña, uno de sus tres contrincantes para hacerse con el timón, junto a Enrique López Veiga y José Manuel Barreiro. 

De hecho, no tenía tradición orgánica en el partido, ya que venía de la gestión pública tras su paso por el Insalud y Correos, previo a su desembarco en Galicia como conselleiro de Obras Públicas. Un departamento en el que supo curtirse en el arte de engrasar la maquinaria de la Xunta y también de un partido que tenía que elegir un rumbo. Había dos opciones, la de caer en la desbandada de dividirse entre los del birrete y los de la boina o eliminar las etiquetas y seguir unidos para intentar recuperar el Gobierno a la primera. Y Feijóo, como el Ave Fénix y contra todo pronóstico consiguió en 2009 que sus siglas no solo volvieran a despegar sino que siguiesen camino unidas con un líder indiscutible y de referencia nacional.

Firme defensor del centro, culminaba una labor de recuperar a una formación que había quedado descentrada y en riesgo de fracturarse. Arropado por el sector del birrete el día de su elección fue contundente en su intención de aglutinar a las dos almas populares: “Eu son Alberto. Un rapaz de aldea”, dijo parafraseando a Xosé Neira Vilas en sus Memorias dun Neno Labrego en un mensaje integrador dirigido a los de la boina, que inmediatamente cerraron filas con el nuevo presidente. El partido quedaba unido como una piña y sin fisuras. Funcionaba como un Fórmula Uno.

Donde sí había brecha era en el conocido como bigobierno de Emilio Pérez Touriño y Anxo Quintana: agujero que no desaprovecharon para volver a la Xunta. Cuatro mayorías absolutas después en las que incidieron tanto sus méritos, evidentes, como una oposición que no encuentra su referencia y en la que Feijóo se erigió en un consumado devorador de sus portavoces parlamentarios, apoyado en el Galicia, Galicia, Galicia y cuatro veces Galicia, el de Os Peares encara lo que será su quinto mandato –y el refrán dice que no hay quinto malo–, al frente de las siglas de la gaviota. 

Y lo hace no sólo evitando el desgaste sino ampliando la base y sumando cada vez más voces internas que le animan a continuar como una garantía de éxito tanto en clave interna como para el conjunto de la comunidad. El mirlo blanco que hizo volver a volar al PPdeG no sólo llegará al congreso de julio en plena forma sino que lo hará todavía al alza.”

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