Pablo Casado: "¿Negociar con lealtad y garantías cuando se pida como se debe y para el bien de España? Sí; pero aceptar chantajes a costa de la soberanía nacional o de nuestra propia continuidad como pilar esencial del sistema político español para apuntalar la huida hacia delante de Sánchez, nunca"

Esta mañana asisto a una importante reunión de la totalidad de los integrantes de los Grupos Parlamentarios del Partido Popular en el Congreso y en el Senado, en la que además de los portavoces en ambas Cámaras y del secretario general, intervino el presidente Pablo Casado que pronunció este discurso que transcribo:

"Queridos amigos:



Muchas gracias secretario general y portavoces parlamentarios. Permitidme empezar dando la enhorabuena a todos los candidatos que se presentaron en las últimas elecciones, el 10 de noviembre. Pero sobre todo, dando las gracias a los españoles que depositaron su confianza en una papeleta con nuestro logotipo, con las siglas de un partido fundamental para la democracia española y un pilar esencial de nuestro sistema político sin el cual no se pueden entender los mejores años de prosperidad y de libertad que ha disfrutado nuestra nación.

En apenas seis meses desde las elecciones de abril hasta las del 10 de noviembre, el PP consiguió incrementar un 35 % su representación parlamentaria, en concreto conseguimos 23 nuevos diputados, con un total de 89 y 30 nuevos senadores, llegando a 97, es decir, casi 200 parlamentarios si contamos entre ellos a las coaliciones preelectorales con las que concurrimos.

Es importante destacar también que recuperamos la representación parlamentaria en todas las CCAA y que en la Comunidad Autónoma de Cataluña, en pleno desafío a la legalidad y a la Constitución, nos hemos convertido en el primer partido del ámbito constitucionalista, a día de hoy tal y como se puede entender a tenor de las últimas negociaciones emprendidas por el PSC

 Creo es fundamental destacar que, además de esa representación, somos unas fuerza política que estamos preparados para gobernar. Y esta representación nutrida justifica esta reflexión. Porque alguno no han destacado que, por ejemplo, en el Senado hay 10 senadores del PP que han sido presidentes autonómicos, cinco de ellos de Gobierno: el presidente Fabra, Rudi, Monago, Imbroda Movellán y otros cinco que han concurrido a las elecciones que han sido presidentes o son presidentes autonómicos, como son ele caso de Carlos Floriano, García-Escudero, Asier Antona, de Cherines o Javier Arenas, habría que sumar a nuestra diputada, Ana Beltrán, presidenta del PP de Navarra.

Creo es fundamental destacar que, además de esa representación, somos unas fuerza política que estamos preparados para gobernar. Y esta representación nutrida justifica esta reflexión. Porque alguno no han destacado que, por ejemplo, en el Senado hay 10 senadores del PP que han sido presidentes autonómicos, cinco de ellos de Gobierno: el presidente Fabra, Rudi, Monago, Imbroda Movellán y otros cinco que han concurrido a las elecciones que han sido presidentes o son presidentes autonómicos, como son ele caso de Carlos Floriano, García-Escudero, Asier Antona, de Cherines o Javier Arenas, habría que sumar a nuestra diputada, Ana Beltrán, presidenta del PP de Navarra.


También hay a quien se le olvida que en los tres grupos parlamentarios actuales contamos con la experiencia de ocho ministros del Reino de España, desde nuestra querida vicepresidenta, Ana Pastor, pasando por Elvira Rodríguez, Isabel García-Tejerina, Javier Arenas, José Manuel García-Margallo, Juan Ignacio Zoido, Pilar del Castillo, la propia portavoz, Dolors Montserrat. Y también, cuatro secretarios de Estado, Mario Garcés, Isabel Borrego, Juan Mari Vázquez o Rubén Moreno.

Quiero decir con esto que somos una fuerza política con experiencia de gobierno que en nuestra actividad parlamentaria estamos listos para ser la alternativa, no solo del partido que lidere la oposición, sino la alternativa en tempos recios o en horas graves, como diría el poeta.

Quiero decir que pase lo que pase en esta legislatura, cuando eche a andar lo que tenemos que hacer es empezar ya, desde la oposición a hacer que el PSOE se retrate. Se suele decir que primero viene el Gobierno y luego el legislativo, pero en un sistema parlamentario, es el legislativo incluso, cuando no se ha formado el Gobierno el que tiene que plantear una agenda que puede llegar hasta proposiciones de Ley, para cuestiones fundamentales y claves de la propia gobernabilidad o de la investidura, pero que también tiene que plantear iniciativas que ya retraten a un partido que ha elegido socio apenas horas después de que se cerraran las urnas.

Quiero decir que pase lo que pase en esta legislatura, cuando eche a andar lo que tenemos que hacer es empezar ya, desde la oposición a hacer que el PSOE se retrate. Se suele decir que primero viene el Gobierno y luego el legislativo, pero en un sistema parlamentario, es el legislativo incluso, cuando no se ha formado el Gobierno el que tiene que plantear una agenda que puede llegar hasta proposiciones de Ley, para cuestiones fundamentales y claves de la propia gobernabilidad o de la investidura, pero que también tiene que plantear iniciativas que ya retraten a un partido que ha elegido socio apenas horas después de que se cerraran las urnas.

Quería destacar, en esta intervención, es que a diferencia de lo que se viene señalando de lo que pasó hace tres años. Nosotros pedimos la abstención del diputado de Nueva Canaria, abstención técnica, es así, porque ya teníamos los apoyos suficientes para gobernar, incluso para aprobar los presupuestos. Eso es muy distinto ahora mismo a lo que se está pidiendo al PP y por eso, me gustaría enhebrar una intervención, no por casualidad el día previo a la constitución de las Cortes, es decir, el día en que arranca esta Legislatura, que no sabemos cuánto va a durar o si va a contar con un gobierno, pero también y no es casualidad, en la semana en la que conmemoramos un aniversario más de nuestra Constitución, nuestra Carta Magna en cuya defensa nos hemos quedado muy solos.

La situación de nuestro país y el horizonte hacia el que se encamina plantean al Partido Popular un reto extraordinario por su dimensión y por su gravedad. Pero ese reto no es el que muchos señalan.

La situación de nuestro país y el horizonte hacia el que se encamina plantean al Partido Popular un reto extraordinario por su dimensión y por su gravedad. Pero ese reto no es el que muchos señalan.

Permitidme que explique con claridad lo que realmente está ocurriendo y lo que nos toca hacer.

Pedro Sánchez ha fracasado de nuevo en la segunda convocatoria de elecciones, que él mismo forzó a modo de referéndum y que perdió. Pero sumando su fracaso al de otros se dispone a dar continuidad a la ingeniería política y social de demolición que inició José Luis Rodríguez Zapatero, estando nosotros ya en el Gobierno y luego en dos legislaturas en el Ejecutivo. Por eso Sánchez ni se ha dirigido a nosotros; Sánchez ha quemado sus naves y ha comprometido ya el apoyo formal y masivo de su partido, incluso en una consulta a la militancia socialista. Está zanjado, es un debate que no admite retorno. No es reversible y es su exclusiva responsabilidad.

Continúa un proyecto destructivo que tiene raíces profundas en la tradición más banal del socialismo español, no es nuevo. Ni Sánchez ni Zapatero se ubican ahora en la marginalidad de su partido. Por lamentable que nos pueda parecer, son genuinos representantes del socialismo español actual.

Y por eso hay que señalar con claridad dos cosas.

La primera es que no estamos ante una opción coyuntural ni desesperada de un PSOE obligado a nada por las circunstancias, sino ante una opción estratégica elegida, cuyo alcance es mucho mayor que el de la simple articulación de una mayoría parlamentaria. El PSOE, Podemos y los nacionalistas no están intentando hacer el Gobierno que pueden, están intentando hacer el régimen que quieren, y un régimen sin espacio para una alternativa. Y no es la primera vez que lo intentan; lo intentaron en el 2003, ante notario, en el ignominioso Pacto del Tinell; lo intentaron hacer en el 2004, en el primer Gobierno de Zapatero, también lo intentaron hacer en el año 2008, en el segundo Gobierno de Zapatero, con esa geometría variable, radical; en 2013 lo formalizaron la declaración de Granada, ya se hablaba ahí de plurinacionalidad no era Sánchez el secretario general del PSOE y en el 2017 lo elevaron ya a categoría con la declaración de Barcelona que culminó con la moción de censura del año 2018 y se que constituyó como acto constituyente en la cumbre de Pedralbes entre el señor Torra y el señor Sánchez.

Precisamente nuestra indignación cuando conocimos, porque lo filtró Torra los puntos aceptados por Sánchez en esa cumbre de Pedralbes es lo que precipitó unas manifestaciones de repulsa ciudadana que hizo descarrilar la negociación presupuestaria y llevaron a Sánchez a convocar las elecciones que hacía meses que se había comprometido a convocar.

Y luego llegó Abril, en la constatación de lo que pretendidamente fue un nuevo gobierno Frankestein, y ahora llega, en noviembre del 10 a ese abrazo, a ese pacto del insomnio en ese abrazo que más que un abrazo era un cayado para no caerse dos grandes derrotados de esa noche electoral.

Las dudas del socialismo español comenzaron cuando comprobó que en el sistema constitucional del 78 el PP puede ganar elecciones. Y repetir. En la cultura sectaria generada por este PSOE, si el PP puede ganar las elecciones es porque algo se ha hecho mal, y los socialistas sitúan hoy ese error en la Transición, en el pacto constitucional y en el sistema político fundado a partir de él. Lo primero que destruye este socialismo es el compromiso constituyente de aquel socialismo.

La auténtica democracia, para ellos, solo puede producir mayorías de izquierda, y si no las produce es que no es verdadera democracia. Para ellos, algo falla en el sistema si el PP lo puede gobernar. Así lo dije en la última sesión de su investidura. No sé si recordaréis cuando le dije: “usted y yo tenemos una responsabilidad histórica que es ensanchar el espacio de la centralidad política para que volvamos a ganar en el los mismos que construimos el sistema de la Transición y defendíamos el orden constitucional, por eso su partido me merecía todo el respeto, también su persona y, por eso, su proyecto y su investidura no merecían ni merecen nuestro apoyo.

El revisionismo de la izquierda no es simplemente ideológico o histórico; es radicalmente político y utilitario, es la forma de compensar su abrumadora y recurrente derrota en el centro.

Han convertido la denominada memoria histórica en un “contrarrelato” de la Transición para presentar ésta como un compromiso desigual, forzado y coactivo de la derecha sobre la izquierda, una gran disposición transitoria pendiente de reequilibrio y ajuste para llevarla más hacia la izquierda y más hacia el nacionalismo. Y la persistencia del llamado, por ellos, “conflicto” catalán sería simétricamente la demostración de que la Constitución tampoco ha servido para resolver el problema territorial. Los dos ejes del acuerdo constitucional se han puesto en entredicho.

Años atrás hicieron de ETA interlocutor político en el llamado “proceso de paz”, por ellos, para que arraigase la creencia de que ETA era la expresión de un defecto de origen y de calidad de nuestra democracia. Y si no hay verdadera democracia no puede haber verdadero terrorismo.

No es sorprendente, en este contexto, que estemos cerca de ver sentado en el Consejo de Ministros al señor Iglesias, quien dijo lo siguiente, cito: “La Constitución de 1978 no instaura reglas del juego democráticas y quien primero se dio cuenta de esto fue ETA”. Repito, Pablo Iglesias: “La Constitución de 1978 no instaura reglas del juego democráticas y quien primero se dio cuenta de esto fue ETA”.

Esto es lo que Pedro Sánchez acaba de proponer y todo el PSOE acaba de votar, abrumadoramente como vicepresidente del Gobierno de España. No Sánchez, insisto, todo el PSOE.

Según esta misma lógica, el supuesto bloqueo que ha impedido un “gobierno supuestamente progresista” confirman que este régimen no merece la adhesión de la izquierda.

Insisto, no estamos hablando de un movimiento errático en la trayectoria del PSOE. La verdadera peculiaridad española no consiste en los nacionalismos, consiste en la relación servil y sectaria de la izquierda, y en especial el PSOE, ha mantenido con los nacionalismos desde hace ya demasiado tiempo. Primero, concediéndoles un plus de legitimidad democrática infundado y, segundo, articulando con ellos una alianza que incluso cuando gobernaba el PP permanecía latente, como demostró el papel decisivo del PNV en la moción de censura contra Mariano Rajoy.

La segunda consideración, además de esta primera que la decisión del PSOE es libre y no fruto de coacción a la hora de elegir socios viene directamente derivada de lo anterior es que España no se enfrenta a un problema de formación de Gobierno. Sánchez pudo haber resuelto ese problema de muchas formas, y las rechazó todas. España se enfrenta a una crisis inducida por la izquierda y los nacionalistas del propio sistema político e institucional.

Estamos ante un proceso de deconstrucción constitucional sin base alguna en los hechos. El sistema no se impugna por unos y otros porque no funcione sino porque funciona y muy bien, con el mismo sistema operativo que cualquier otra democracia occidental: pluralismo, reformismo, división de poderes, alternancia, respeto a las normas y búsqueda de la convivencia como tarea política esencial. Lo que se rechaza es precisamente aquello que ese sistema nos ha proporcionado.

Dicho de otra forma: el problema de España no es que falte democracia, es que se negocia con aquellos que atentan contra la democracia.

Sobre la base de progresivas mutaciones constitucionales se pretende resolver los problemas que o bien directamente se crean o bien se impide resolver, y que no son sino la coartada para el engaño. Cataluña se utiliza ahora como coartada para un cambio de régimen, de un signo o de otro. Es decir, la deslealtad hacia el sistema se eleva a argumento contra el sistema y no contra el desleal.

Ahora hay una pretensión explícita de deshacer los consensos básicos, para hacer otra cosa en la que resulte imposible una alternativa de centro derecha y española. Y se hace con la excusa de abordar problemas que se crean y se mantienen vivos artificialmente y sobre la idea de que la derecha democrática es el problema de España.
Entendámoslo bien y digámoslo claro: nadie nos ha pedido que tratemos de arreglar los problemas que Sánchez ha creado. Nadie nos ha pedido que tratemos de evitar los problemas nuevos que Sánchez pretende crear ahora. Si fuera eso lo que se nos pidiera se empezaría por pedir la salida de Sánchez, y no es así.

Lo que en realidad se nos pide es que reconozcamos que somos nosotros el problema y que actuemos en consecuencia. Lo que se nos está exigiendo es que reconozcamos que aquí todo se arregla con menos PP y menos Constitución.

Lo que se nos exige es que asumamos este dilema perverso: o aceptamos desaparecer voluntariamente como alternativa al socialismo haciendo presidente a Sánchez, o Sánchez nos amenaza con hacernos desaparecer llevando adelante una mutación del sistema de la mano de la izquierda y los nacionalistas. Es decir, lo que se nos ofrece es la posibilidad de elegir cómo terminamos con el PP y con España, si de una forma o de otra.

Queridos amigos, esa es la verdadera alternativa que se nos está poniendo delante y a esa alternativa solo podemos responder diciendo categóricamente, con toda claridad, que ni nos vamos a disolver como alternativa al socialismo ni nadie va a cambiar el sistema del cual formamos parte, que hemos construido y hemos defendido para todos pagando por ello un tributo de sangre que no vamos a olvidar y nadie va a despreciar.

Ni nos vamos a ir ni se no va a echar. Que le quede claro.

Va siendo hora ya de establecer con claridad nuestro verdadero problema nacional: el verdadero problema es que el PSOE no reclama ayuda porque no está haciendo nada que no desee hacer. Impulsa el proyecto político que quiere impulsar y lo hace con quienes ha decidido que sean sus socios, los mismos desde hace 16 años, desde el año 2003, del Pacto del Tinell.

Esta deconstrucción institucional no sólo cambia la verdadera historia de la Transición como abrazo y reconciliación para convertirla en una rectificación fallida del desenlace de la Guerra Civil, sino que apunta de lleno al modelo territorial, a la definición nacional de España, a las libertades y al civismo, al modelo educativo y, a medio plazo, a otros pilares de la arquitectura constitucional. No solo quieren echarnos a nosotros por no aceptar disolvernos voluntariamente, también quieren echar a todos aquellos que siguen en su sitio, donde tienen que estar.

Es obvio que están muy lejos de una mayoría suficiente para abrir un proceso constituyente que haría demasiado explícita su estrategia. Sin embargo, los impulsores del nuevo Estatuto de Cataluña y del País Vasco ya ensayaron la fórmula para buscar un cambio fraudulento de la Constitución.

Pues bien, quiero afirmar que el Partido Popular asegurará que los españoles, todos los españoles, seguirán conservando intacto su derecho a decidir sobre cualquier cambio de su Constitución. Y que la Constitución sólo se cambiará por los procedimientos que los españoles acordamos, en virtud de los cuales estos dos grupos parlamentarios tienen la posibilidad de evitar cualquier reforma constitucional por la puerta de atrás. Y, además, gracias a la legislación del PP en la pasada legislatura, tenemos a nuestra disposición el Recurso Previo de Inconstitucionalidad para evitar que ningún tipo de mutuación estatutaria pueda intentar desbordar por la vía de los hechos nuestra Carta Magna.

Y además lo aseguramos porque el objetivo de esta ingeniería política es crear un proceso que por un lado convalide situaciones de hecho y, por otro, presione a las instituciones y actores políticos, sociales y económicos contrarios a este proyecto para imponerse a ellos. Este es el plan del que nos piden que seamos parte, y no lo vamos a ser.

Por eso, las implicaciones para el PP de esta estrategia van mucho más allá de decisiones tácticas. El PP es, hoy por hoy, el único partido que tiene los dos pies en la Constitución. Pero ahí es donde los tienen también la inmensa mayoría de los españoles, y a ellos debemos explicarles lo que ocurre. Una Constitución que no es del PP sino de todos. No es el caso de ningún otro partido, y ciertamente ya no es el caso del PSOE, que ha iniciado su negociación con ERC reescribiendo unilateralmente el artículo 2 de la Constitución a través del PSC, y que cuenta en el radicalismo de todo signo con aliados partidarios también de romper los dos ejes del acuerdo de 1978: pluralismo ideológico y Estado autonómico.

Queridos amigos,
El futuro del PP está unido de manera irreversible a dos cosas: primero, a nuestra permanencia como alternativa constitucionalista al socialismo, y, segundo, a la permanencia del régimen constitucional que defendemos. A las dos. Van juntas, no es o lo uno o lo otro, como machaconamente se nos dice. Por eso no tenemos que elegir entre ser alternativa o defender la Constitución: defendemos la Constitución siendo alternativa a un proyecto para el que la división electoral del centro derecha ha dado a Sánchez unasegunda oportunidad. Advertimos en solitario de la gravedad de lo que ocurriría si Sánchez ganaba por la división del centro derecha. Y aquí están las consecuencias.

También en precedentes internacionales. No hay más que ver cómo está el Reino Unido después de la gran coalición, no hay más que ver cómo ayer el SPD planteaba ayer en su congreso de refundación cual había sido el coste de la gran coalición alemana o incluso, y esto es lo más peligroso, como Alternativa por Alemania planteaba su proyecto de sustitución de la derecha alemana después de la gran coalición.

Si desaparece el PP como alternativa desaparecerá la Constitución. Si fracasamos o nos eclipsamos como alternativa o si se debilita aún más el régimen constitucional, la confrontación política quedará dominada por la polarización y en ese terreno las ofertas radicales tendrán todas las de ganar y el marco constitucional se romperá.

Servir a España hoy significa para el Partido Popular reafirmarse como alternativa democrática a un socialismo entregado ya de facto al nacionalismo de manera formal, y reafirmarse también en su compromiso de lealtad constitucional, de moderación y de integración transversal frente a todo radicalismo.

Si hasta ahora los esfuerzos del PSOE y sus apoyos mediáticos se concentraban en negar los pactos con los independentistas, ahora se esfuerzan en blanquearlos, apoyados en la excusa de la ultraderecha. Contra ese blanqueo hay que rebelarse. España necesita un revulsivo que ponga en el centro del debate público la claridad moral que falta, y en cuya ausencia asistimos a una verdadera normalización de lo aberrante, de lo excéntrico y de lo autodestructivo.

Queridos amigos, Pedro Sánchez ha querido jugar con todo y con todos. Sin límites. Muchos de los que han alentado la desunión del voto y han señalado al PP por toda clase de desastres, comienzan a descubrir ahora la importancia sistémica de nuestro partido como pilar democrático fundamental de nuestro sistema político.

Nosotros hemos cumplido escrupulosamente con todas nuestras obligaciones institucionales y lo hemos hecho con generosidad. Pero el PSOE nunca ha querido hablar con nosotros. Busca sellar un pacto para destruir todos los pactos, un pacto que puede destruir cuarenta años de libertad y de progreso.

Cuando digo que hemos cumplido nuestras obligaciones, lo digo también en lo que respecta al día de mañana. Hay que recordar que nuestra propuesta de España Suma era buena para España y era generosa para el otro partido al que se la ofrecimos; probablemente hubiera ganado 30 escaños y nosotros hubiéramos perdido cinco, pero hubiéramos ganado las elecciones y estaríamos intentando formar gobierno ahora. Por tanto, era generosa, como generosa es la propuesta que os pido que apoyéis para la conformación de la Mesa del Congreso.

Nosotros nunca participaremos de cordones sanitarios a aquellas fuerzas políticas que defiendan la unidad nacional y la Constitución española. Sí que nos gustaría que hubiera un cordón sanitario legal, constitucional, ético y moral frente a los herederos de Batasuna que no han condenado más de 800 asesinatos y contra los independentistas secesionistas condenados por el Tribunal Supremo.

Y esto es compatible con decir que el PP es el único partido que tiene los dos pies dentro de la Constitución.

Pero, si es verdad que hay partidos en la derecha que cuestionan preceptos básicos en el texto constitucional, también lo están haciendo en la extrema izquierda e, incluso, se ha hecho desde el centro, en cuanto a la demarcación provincial u otros temas que no se han plasmado al final en una reforma constitucional.

Por tanto, no podemos tolerar que se esté blanqueando la presencia en instituciones de la izquierda radical y, en cambio, se intente tapar las sentencias de los Eres o la propia negociación de este gobierno en debates que no conducen a nada, porque ya se conoce nuestra posición.

Nuestra posición es que, aquellos partidos que puedan tener representación en la mesa del Congreso o del Senado, de acuerdo con la tradición de ambas Cámaras, si depende de nuestros votos, tendrán nuestro apoyo. Pero eso sí, hablo de los partidos, nosotros queremos liderar el centro y la derecha. Lo intentamos en abril con ofertas muy generosas, que reiteramos en noviembre, con poco éxito. Ahora queremos que este ofrecimiento se vea como el partido que quiere liderar un espacio imprescindible que tiene que ser refundado y, por tanto, Ciudadanos también debe entrar en esa negociación para tener representación en la Mesa de las Cortes Generales.

No estamos ante un debate sólo cuantitativo, por número de escaños, estamos en un debate cualitativo en el que el PP siempre tenderá la mano a un partido socio que ha tenido un papel fundamental en esta Cámara y que estamos convencidos de que seguirá teniendo nuestra colaboración para llevar a cabo iniciativas legislativas fundamentales y urgentes.

El alcance del artículo 2 de la Constitución es inequívoco, y no va a ser definido unilateralmente o bilateralmente por nadie.

Voy a decirlo con absoluta claridad:

1.) No podemos dar poder político a quien amenaza con destruir la Nación española, y mucho menos se lo vamos a dar porque amenace con hacerlo. Solo por esa amenaza no merecería recibir ese apoyo.
2.) Ni el PSOE, ni el PSC, ni Esquerra Republicana, ni ninguno de los documentos sobre plurinacionalidad, sobre la nación catalana, la nación de naciones o la mediación internacional que ellos han aprobado o puedan aprobar en el futuro van a establecer el contenido del artículo 2 de la Constitución española. La nación española es soberana. Y va a seguir siéndolo, en todo caso. El PSOE no va a resolver sus problemas de partido a costa de convertirlos en problemas de Estado.
3.) Si algún día la Constitución española dejara de existir, y eso es lo que pasaría si se hiciera con el artículo 2 lo que el PSOE quiere hacer, desaparecería el poder constituido, pero no desaparecería el poder constituyente. Para aquellos que creen que todavía hay gente confundida: el artículo 2 no crea la Nación, es la Nación la que crea

ese artículo y todos los demás. Con o sin artículo 2 de la Constitución España existe y su soberanía también. Sin Constitución no hay poderes constituidos, por ejemplo, la Generalitat de Cataluña, pero sí hay poder constituyente y es el pueblo español. Nuestra responsabilidad es defenderlo y liderarlo para luchar por nuestras libertades y por la igualdad de todos los españoles.
4.) Si se pone en cuestión el pacto constituyente actual, que incluye el Estado autonómico en el que yo creo, a pesar de todo y de todos, que nadie piense que el nuevo acuerdo se negociaría a partir de lo que ya hay, porque se iniciaría sobre bases completamente nuevas y a partir de cero. Si se rompe el pacto, el pacto deja de existir. Dicho de otra forma: lo peor que puede hacer un nacionalista hoy es terminar de convencernos de que su deslealtad no tiene remedio y, acto seguido, obligarnos a iniciar un nuevo proceso constituyente. Creo que me estoy explicando bastante bien, porque por lo que depende del PP saldrían muy mal parados.
5.) La Constitución no es del PP, es de todos. La defendemos porque es de todos y porque la hemos hecho nuestra, no porque nos beneficie, ni porque diga todo lo que nos gustaría que dijera. Que nadie se confunda, insisto: defendemos todo lo que se pactó porque creemos en el acto de pactar y creemos que su contenido es bueno para todos, lo que nos gusta más y lo que nos gusta menos. En eso consiste la convivencia y nosotros sabemos convivir.

El sistema no se va a mover ni un metro más hacia donde Torra e Iceta pretenden y como lo pretenden. Y si eso es lo que Sánchez y el conjunto del PSOE buscan, es decir, si buscan una mutación para llevar el sistema más hacia la izquierda y más hacia el cantonalismo –algo de eso se está empezando a ver ya a nivel provincial en esta Cámara– sin que los españoles tengamos la oportunidad de decir una sola palabra, fracasarán y obtendrán el resultado contrario. Y nosotros contribuiremos activamente a ese fracaso.

Los que quieran volver a la casilla de salida, los que quieran destejer lo tejido, deben saber que perderán todas sus ventajas políticas. Desandar el camino por el que hemos avanzado en estos más de cuarenta años, tendrá consecuencias para todos. Si todo se pone en cuestión, todo significa todo.

Queridos amigos,
Tenemos al secretario general del Partido Socialista Obrero Español negociando la soberanía con defensores del terrorismo, con delincuentes condenados en firme y golpistas que han cometido delitos de sedición. Pero, al parecer, para algunos el problema somos nosotros.

Este cínico eclipse moral tiene que llegar a su fin. Hasta aquí podemos llegar.
Sánchez no se va a comprar la presidencia al precio de la soberanía nacional, ni tampoco al precio de la destrucción de la alternativa democrática y moderada que representa el Partido Popular. Que nadie desprecie el amor de los españoles a su libertad, a su soberanía y a sus derechos. Y que nadie desprecie el compromiso democrático y constitucional del Partido Popular. 

Ni espada ni pared. ¿Negociar con lealtad y garantías cuando se pida como se debe y para el bien de España? Sí; pero aceptar chantajes a costa de la soberanía nacional o de nuestra propia continuidad como pilar esencial del sistema político español para apuntalar la huida hacia delante de Sánchez, nunca. No necesitamos ni menos España ni menos PP, necesitamos lo justo lo contrario. Ni vamos a hacer presidente a Sánchez ni nadie va a cambiar el sistema por las bravas con la excusa de que no le hacemos presidente.

La derecha democrática española existe, a pesar de todos los que han querido dividirla y debilitarla para poder hacer lo que quieren hacer ahora. Hemos cumplido siempre y se nos va a respetar. Y lo primero que se debe respetar es nuestra decisión de no hacer presidente al peor socialista de los últimos cuarenta años y bajo la amenaza de volarnos el sistema.

El acierto táctico no será suficiente en esta situación. La situación de España hoy es una prueba exigente del liderazgo social y político del Partido Popular. Lo que España necesita hoy de nosotros es que sigamos en nuestro sitio.

Este es el partido que más progreso social real y más libertad ha traído a los españoles. Un partido que jamás ha sido desleal. En nuestra agenda no está solo España como gran palabra, en nuestra agenda están también los españoles, sus derechos y sus libertades, íntegros.

Por eso mantengámonos firmes y convencidos de que somos la solución y no el problema. Como siempre. Para todos. Esa es nuestra tarea de hoy. La que España nos reclama. La que siempre hemos atendido y la que siempre atenderemos.

Muchas gracias."

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