lunes, 2 de noviembre de 2026

Feijóo: “ Reivindico la gestión, el rigor y la experiencia. Y por eso reivindico la seriedad, que no es un defecto, sino un forma de reseto a los españoles


Asisto esta mañana al  Hoy, en el Comité Ejecutivo Nacional del PP en el que Alberto Núñez Feijóo dice que la frivolidad y las bravuconadas no resuelven los problemas: hace falta rigor, criterio y capacidad de gestión y seriedad.

Esta es su intervención:

"Ciertamente no es fácil tomar hoy la palabra después de lo ocurrido. Aún hay familias que están enterrando a los suyos, otras que están aguardando noticias. Hay heridos, algunos de ellos en una situación compleja que siguen en el hospital. Hay mucha gente triste, mucha gente angustiada, gente que mañana o esta mañana se ha subido a un tren con un nudo en el estómago. Y mucha gente cansada, mucha gente harta. Con todos ellos vamos a redoblar hoy un compromiso.

Vamos a darles una alternativa, porque una tragedia así deja muchas preguntas. Y la primera pregunta no es técnica, es una pregunta política: ¿Para qué sirve el poder? Y hoy quiero responderla, porque de esa respuesta depende todo lo demás.

Lo que hemos visto durante los últimos ocho años es que el poder ha sido un fin en sí mismo.

Y cuando el poder es el único objetivo, todo lo demás se pone a su servicio. La verdad deja de ser un compromiso, ya no importa lo que ocurra, sino cómo se cuenta. Basta con que el relato funcione.

La ley deja de ser un límite. Se retuerce o sencillamente se ignora y llevamos toda una legislatura sin presupuestos. Las instituciones dejan de pertenecer a todos porque se ocupan.

Y se ocupan las instituciones por parte del Gobierno para que obedezcan al Gobierno. Y el adversario, el adversario deja de ser alguien con quien discrepar y se convierte a alguien al que aislar. Es el muro. El muro es, de hecho, la única promesa que ha cumplido este Gobierno.

Y gestionar… gestionar deja de ser importante porque los problemas reales nunca generan tantos titulares como la política convertida en espectáculo.

Cuando el poder es el fin, cualquier cesión es admisible. Cualquier cambio de opinión se justifica. Todo vale. Todo vale con tal de llegar y sobre todo con tal de quedarse.

Pero ocho años después la pregunta es inevitable: ¿Para qué ha valido todo esto? ¿Para qué ha valido el poder usado de esta manera? ¿Para qué tanto relato si al final un joven de 30 años en España no puede soñar con pagarse un piso? ¿Para qué batir todos los récords de recaudación de impuestos cuando los servicios públicos objetivamente funcionan peor? ¿Para qué presumir de que el tren vive el mejor momento de su historia? ¿Para qué?

Ya hemos tenido la respuesta. Y de la forma más dolorosa que se puede imaginar. Hasta esta tragedia se gestiona pensando en el poder como único fin.

El miércoles los equipos de rescate estaban en el terreno, siguen todavía. Y mientras ellos buscaban la vida, el Gobierno buscaba otra cosa. Buscaba cómo quitarse la responsabilidad de encima. Y buscaba a quién endosarle esa responsabilidad.


Resulta que nueve meses después de Adamud las familias siguen sin saber qué ocurrió en aquel momento. Nueve meses para no explicar nada. Pero aquí, aquí no. Aquí tardan horas en encontrar un culpable. Como si todo un sistema ferroviario se redujera a un trabajador.


Todo nuestro apoyo a los maquinistas, a los controladores y a los empleados de ADIF y a los empleados de Renfe.


Es necesario decirlo, sí, porque es como si no existiesen sistemas de seguridad. Ni existiese el mantenimiento, la conservación y la supervisión imprescindible. Como si no existiese la responsabilidad política.


Ante dos accidentes continuados con más de 115 muertos en la misma línea. Tras fallar todo lo que puede fallar. Ya no es que sea evidente que no son bueno gestores. Es que dudo de que también sean buena gente. Porque esta actitud es infame. Es cruel y es ruin.


Fijaos, cuando comparecen, ¿de quién hablan? ¡De sí mismos! El ministro habló del calvario que le espera. Encima en campaña electoral dijo. No, señor ministro: el calvario no lo está sufriendo usted. El calvario es de las familias que esperan un cuerpo. El calvario es de quienes no volverán a ver a sus seres queridos. El calvario es de los heridos. El calvario es de todo un pueblo.


Dijo también el ministro que solo se iría si su continuidad perjudicaba a su partido. No a las víctimas, no a los españoles. No, no, a su partido. Y encima sabemos que están encargando encuestas para decidir si le cesan o no.


Basta imaginar qué estaría tuiteando Óscar Puente si esto lo hubiese hecho otro. Aún no han entregado todos los cuerpos a las familias y están con sondeos para ver si les perjudica o les beneficia electoralmente el cese del ministro.


¿Qué queréis que os diga? En estos momentos decidir si cesas a un ministro por lo que te digan las encuestas te da el nivel moral de esta gente. Que es ninguno. Por supuesto que no deberían estar todavía en sus cargos. Por supuesto, si de mí dependiese, os garantizo que el que daría mañana la cara en la Diputación Permanente no sería el ministro, sería el presidente del Gobierno. Porque el ministro ya habría cesado. Es verdad que el ministro ya habría cesado. Pero tengo que decir es que nunca hubiera sido nombrado para una responsabilidad tan grande porque yo tampoco ostentaría nunca el poder como lo hace Sánchez.


Mirad, en los años que he estado de presidente en la comunidad autónoma gallega he sido el portavoz del Gobierno, además de presidente. El portavoz era yo. Sé que por las responsabilidades que entraña dirigir una nación es difícil repetir ese modelo, pero sí se puede mantener el compromiso que hay detrás. Y yo lo mantendré.


No creo en la política que pone el poder por delante de todo. Ni a una persona por delante del pueblo. Y no creo que un problema o que un presidente merezca tantos escudos. No.


Y mi forma de entender el poder es que es el presidente el que rinde cuentas a los ciudadanos por toda la gestión del Gobierno. Y es el presidente quien da la cara cuando algo va mal.

Pero os digo una cosa. A estas alturas ya es lo de menos si se van o no. En menos de un mes los españoles podrán a cada uno en su sitio. Les dimitiremos en las urnas porque España merece el mejor Gobierno también. Y por eso el 29 de noviembre España elegirá un mejor Gobierno.

Lo quiero decir con toda claridad para nuestros colegas europeos y para cualquier ciudadano que venga a España: no es España la que falla, es su Gobierno. Este país sigue levantándose cada mañana.


El autónomo, el médico, el trabajador, las familias, los ferroviarios… siguen trabajando con el corazón encogido y en Urda hemos visto a la mejor España. Hemos visto vecinos que abrieron sus casas a la gente que no conocían. Hemos visto a la gente de emergencias, a los bomberos, a la policía, a los guardia civiles, a los sanitarios, dándolo todo.


Esa España no ha dejado de cumplir un solo día. Y la mejor España, lo reitero, merece el mejor Gobierno. 


Ellos creen que la mejor España merece un gobierno con ministros como Óscar Puente y un presidente que solo piensa en sí mismo. Yo no. Nosotros ofrecemos otra cosa: gestión, rigor y experiencia.


Un Gobierno que no huya de los problemas, sino un Gobierno que lo resuelva. Eso es lo verdaderamente importante, especialmente en la situación que tenemos que afrontar tras la tragedia.

Lo importante ahora es que los españoles tengan toda la información, toda, al detalle y hasta el final.


En primer lugar, por respeto. Por respeto a las familias que tienen derecho a saber por qué los suyos no volverán nunca a casa. Y por respeto a cualquiera que mañana compre un billete de tren.


En segundo lugar, porque esa información nos dirá dos cosas: Qué gestión no se ha hecho en todos estos años, especialmente en los meses después de Adamud. Y qué gestión habrá que hacer a partir de ahora y sobre todo a partir del 30 de noviembre: y esto es lo importante. 


Mi objetivo no es destruir al rival. Esa es la política que está devastando nuestro país. Mi objetivo es la reconstrucción nacional y a eso convoco a todo el partido y a todo el país. Volver otra vez a levantarse.


Queridos compañeros, lo dije el día que convocaron las elecciones: nunca me he sentido cómodo en la política espectáculo, ni en la política vacía que recomienda canciones, ni en la de los altos decibelios. 


Yo vengo de la gestión, me he dedicado toda mi vida a ello. Es lo que sé hacer y creo sinceramente que es lo que este país necesita ahora. 


Por tanto, pido, exijo, que nos ahorren los bailes, las reflexiones sexuales o las promos de televisión haciendo burlas sobre el estado lamentable de nuestro sistema ferroviario. España no necesita al frente de sus instituciones a un influencer. Necesita a alguien que quiera y sepa gobernar. Y con toda humildad digo, yo sí sé hacerlo.


Vosotros, la mayoría de los que estáis aquí, también. Porque lo habéis hecho.


Sé hacer presupuestos. Sé cumplirlos. Es lo que he hecho toda mi vida. Sé trabajar por los servicios públicos. Lo hice buena parte de mi vida. Sé lograr resultados positivos tras encontrar un desastre, lo hice en correos. Sé mantener una infraestructura, sé construir viviendas, sé modificar las leyes del suelo para facilitar la ejecución: lo hice como vicepresidente y consejero de Obras Públicas, Vivienda y Puertos. Y sé gobernar para todos. Y es lo que hice, efectivamente, en la Xunta de Galicia, y es lo que me trajo aquí.


Y desde esa experiencia afirmo también que ya está bien de que este país se hable de las ocurrencias de los políticos y no de los logros de los españoles. La frivolidad no arregla los problemas, tampoco las bravuconadas.


Para resolverlos hace falta rigor, criterio y capacidad de gestión. No me cansaré en repetirlo. Por eso vuelvo a reiterar: reivindico la gestión, el rigor y la experiencia. Y por eso reivindico la seriedad.


Amigos, la seriedad no es un defecto. La seriedad es una forma de respeto y los españoles, de una vez por todas, merecen respeto.


Lo puse en el contrato con España que firmé hace unos días. Respeto a la gente y respeto a la nación. España no lo ha tenido estos ocho años, ni respeto a la gente ni respeto a la nación.


Pero lo va a tener en los próximos cuatro porque al final de eso se trata: de respeto. Respeto a los que ya no están y respeto a los que aquí seguimos.


Y todo empieza por devolver a los españoles algo que se ha ido perdiendo poco a poco. Como si no nos diésemos cuenta: un país que funcione, un país vivible.


Este fin de semana muchos comercios han tapeado sus escaparates por miedo, por lo que podía suceder, por lo que ha estado sucediendo en muchos sitios de España. ¿En qué país nos estamos convirtiendo?


Desde la izquierda se ha llegado a decir que hay que incendiar las calles porque no habrá paz.


Pues yo digo lo contrario: va a haber paz porque es lo que quiere la inmensa mayoría. Vamos a vivir seguros y la minoría que quiere romper la convivencia se va a encontrar con la ley.

Siempre.


Un país vivible es un país sin miedo en la calle, es un país en el que un joven puede pagarse un piso, es un país en el que el sueldo llega a fin de mes, es un país en el que el médico te atienda cuando lo necesitas, es un país en el que subirse a un tren no da miedo y en el que si algo falla alguien da la cara.


No es un país perfecto, es un país normal: un país en el que se pueda vivir tranquilo. Eso es lo que se ha ido perdiendo en estos ocho años y eso es lo que vamos a reconstruir.


Os pido que dediquemos lo que queda de campaña a decirle a los españoles para qué queremos nosotros el poder: nosotros queremos el poder para cambiar. No el discurso, no la estrategia. No: queremos el poder para gestionar nuestro país, para que España vuelva a ser lo que ha sido una de las grandes potencias del mundo.


Son otros los que se han tomado este país a broma. Y ahora tendrán que disimularlo. Nosotros no: salgamos a la calle a reivindicar el cambio con valores que necesita este país, los valores que se han echado de menos estos años, los valores que en esta casa tuvieron un nombre que hoy debemos repetir con orgullo. Fátima Báñez es un nombre que nosotros repetimos con orgullo. Fátima entendió la política

como servicio, como diálogo, como trabajo. Y se dedicó a los demás todo el tiempo que ha estado en política, y aun cuando no estaba en política activa seguía haciéndolo.


Muchos de los que estáis aquí mantuvisteis contacto permanente con ella. Muchos de los que estáis aquí recibíais su opinión, su propuesta, su ánimo, su mensaje. Muchos de los que estáis aquí la echaremos de menos durante mucho tiempo, pero también muchos de los que estáis aquí y estamos aquí vamos a seguir esa estela de gestión de las cosas públicas, de no tener  más intereses que los intereses generales, de que tu país funcione, de que no tenemos enemigos, de que nuestros adversarios pueden complementar nuestro diagnóstico y que la política no es lo que ha ocurrido en España. No.


Por eso tengamos siempre presente su manera de entender la política y también su manera de entender la vida.


Queridos amigos. Queridos presidentes. Queridos miembros del comité de dirección. Queridos vicesecretarios. Queridos miembros del Comité Ejecutivo. Queridos candidatos a las Cortes.


Al principio de mi intervención hice una pregunta: ¿Para qué sirve el poder?

Mi respuesta cabe en dos verbos: servir y defender.


Servir es entender que el poder no es tuyo, es una responsabilidad que los ciudadanos te confían y que tienes la obligación de ejercer para mejorar la vida de las personas.


Servir es gestión para que la vía esté asegurada antes de que pase un tren, para que tus impuestos lleguen a donde tienen que llegar y para que cuando algo no funciona el primero en responder sea el que manda.

No el último en la cadena.


Y decía servir y defender: defender a España. Defender su unidad, su manera de entender la vida, sus instituciones. Defender al que se esfuerza, al que paga y al que cumple. Defender a las víctimas y defender la palabra dada.


Servir sin defender es sólo administrar. Defender sin servir es sólo ruido. Las dos cosas juntas es gobernar. Y ese es mi compromiso. Y lo voy a cumplir.

Ese es mi compromiso. Y lo voy a cumplir.


Insisto: servir sin defender es sólo administrar y defender sin servir es sólo hacer ruido. No os lo olvidéis.  Abrimos esta campaña con una idea: que el esfuerzo de los españoles iba a merecer la pena.


Y con un sentimiento, al que el compositor Alejandro Blanco y la agrupación musical Virgen de los Reyes pusieron melodía: la esperanza.


Estos días nos ha alcanzado la tristeza, la sentimos. No nos va a abandonar durante la campaña. Es lo normal, pero la tristeza no puede ser el final de nada. La tristeza debe ser el punto de partida. Porque si algo hemos visto en Urda es que España no se ha rendido, que cuando todo se rompe siempre hay alguien que tiende la mano. Esa es la España en la que creo. Y esa es la España que nos da esperanza.


Esperanza no es esperar, es ponerse manos a las obras. Es saber que España puede salir adelante, que merece la pena trabajar por ella y por los que ya no están, por los que seguimos aquí y por los que vendrán.


Le propongo a los españoles que se suman a la reconstrucción nacional.

Y juntos lo arreglaremos.


Muchísimas gracias. Seguimos trabajando"