El pasado miércoles
28 de enero tuvo lugar la presentación del IX informe FOESSA territorial de
Galicia que pone de relieve que exclusión social en nuestra Comunidad Autónoma ya no se explica únicamente por la falta de
ingresos ni afecta solo a los márgenes más visibles de la sociedad.
Así lo constata el IX
Informe sobre exclusión y desarrollo social en Galicia, presentado por la
Fundación FOESSA (Fomento de Estudios
Sociales y Sociología Aplicada) junto a Cáritas en
Galicia, que ofrece una radiografía amplia y actualizada de las condiciones de
vida, los riesgos sociales y los procesos de integración y exclusión que
atraviesan la Comunidad.
El documento fue presentado por el coordinador técnico del informe para la Fundación FOESSA, Thomas Ubrich, junto a las personas representantes de las cinco Cáritas Diocesanas en Galicia: Amparo González (Lugo), María Victoria González (Mondoñedo-Ferrol), Óscar Diéguez (Ourense), Pilar Farjas (Santiago de Compostela) y Alfonso Moreno (Tui-Vigo).
La nota difundida por Cáritas Galicia dice así:
"El
documento se fundamenta en los resultados de la Encuesta sobre Integración y
Necesidades Sociales, una de las investigaciones sociales más amplias
realizadas en Galicia, con entrevistas en profundidad a casi 600 hogares de las
cuatro provincias, y más de 12.000 hogares a nivel estatal. Este enfoque
permite analizar no solo cuántas personas están en exclusión, sino cómo viven,
qué dificultades acumulan y qué factores limitan su integración real.
Menos
exclusión, más fragilidad
Los
datos reflejan una realidad compleja y paradójica. Entre 2018 y 2024, la
exclusión social en Galicia se reduce del 16,8 % al 12,7 %, lo que supone unas
342.000 personas afectadas. Sin embargo, este descenso se explica casi
exclusivamente por la reducción de la exclusión moderada, mientras que la
exclusión severa apenas varía y sigue afectando a unas 168.000 personas, en
torno al 6,3 % de la población.
Al
mismo tiempo, el espacio de la integración muestra un deterioro significativo.
La integración plena se reduce en 8,6 puntos porcentuales, mientras que la
integración precaria crece con fuerza, pasando del 31,1 % al 43,8 % de la
población. Es decir, cada vez más personas no están formalmente excluidas, pero
viven en una situación de vulnerabilidad constante.
“Estamos
ante una sociedad menos excluida en términos estrictos, pero mucho más frágil”,
señaló Thomas Ubrich, quien advirtió de que “cuando casi la mitad de la
población vive en equilibrio inestable, cualquier crisis puede empujarla
rápidamente hacia la exclusión severa”.
El
informe constata que la precariedad ha dejado de ser una situación transitoria
para convertirse en un rasgo estructural del modelo social. Afecta a
trabajadores con empleo, a hogares con ingresos ajustados, a personas mayores y
a familias con menores, incluyendo a colectivos que hasta hace pocos años se
consideraban relativamente protegidos.
“La
exclusión ya no está en los márgenes; se está desplazando hacia el centro de la
sociedad”, subrayó Ubrich.
La
vivienda, principal factor de exclusión
La
vivienda emerge como el principal eje de desigualdad y exclusión social también
en Galicia. El 26 % de los hogares gallegos presenta algún indicador de
exclusión residencial. Más de 78.000 hogares (el 7 %) soportan gastos excesivos
de vivienda que los sitúan por debajo del umbral de pobreza severa tras pagar
alquiler o hipoteca. Además, unas 160.000 personas viven en situación de
vivienda insegura y cerca de 170.000 en condiciones de insalubridad,
hacinamiento o mala habitabilidad.
Entre
2018 y 2024, el precio de la vivienda aumentó un 21 % y el del alquiler un 28
%, con una cuota mediana en Galicia de 732 euros, muy por encima del
crecimiento de los ingresos reales.
Desde
Cáritas en Galicia se advierte de que la vivienda ha dejado de actuar como un
factor de protección y se ha convertido en un auténtico cuello de botella para
la integración social.
Empleo
y salarios: recuperación insuficiente
Galicia
ha mejorado sus indicadores laborales. La ocupación crece un 6 %, el paro baja
del 13 % al 9 % y la temporalidad se reduce al 16 %. Sin embargo, esta mejora
no se traduce en integración social para una parte significativa de la
población. Los salarios reales apenas han crecido un 0,7 %, una vez descontada
la inflación, y la inestabilidad laboral grave sigue afectando al 5,6 % de las
personas ocupadas.
“El
empleo ya no garantiza salir de la exclusión”, recoge el informe, que
identifica esta paradoja como uno de los principales retos de las políticas
sociales y laborales.
Pobreza,
ingresos y carencias materiales
En
2024, el 14 % de la población gallega (unas 381.000 personas) se encuentra en
riesgo de pobreza, frente al 22 % de 2020. La pobreza severa afecta al 6 %,
unas 158.000 personas. Sin embargo, persiste una elevada fragilidad cotidiana,
ya que el 27 % no puede afrontar gastos imprevistos, el 17 % no puede mantener
su vivienda a una temperatura adecuada y el 4 % no puede permitirse una
alimentación adecuada de forma regular.
El
informe alerta además de la insuficiente cobertura del sistema de garantía de
ingresos. El Ingreso Mínimo Vital solo llega al 51 % de las personas en pobreza
severa en Galicia, y más de la mitad de los hogares en esta situación no ha
recibido información sobre la prestación. Paralelamente, la RISGA ha reducido
su cobertura a la mitad, pasando del 0,94 % al 0,50 % de la población.
Soledad
y debilitamiento de los vínculos
La
exclusión social empeora claramente la percepción de la salud, sobre todo la
mental, y en Galicia este efecto es más intenso que en el conjunto del Estado.
En todas las edades, quienes están en exclusión puntúan peor su salud que las
personas integradas.
El
18 % de la población gallega, más de 480.000 personas, presenta problemas de
exclusión en cuidados de la salud, cinco puntos más que en 2018. El 29,8% de la
población gallega valora negativamente su salud física y el 18% su salud
mental, por encima de la media estatal (20% y 11,8%).
El
informe subraya también el aumento del aislamiento social y la soledad no
deseada. Mientras que el aislamiento afecta solo al 4 % de los hogares
integrados, se eleva hasta el 25 % entre los hogares en exclusión severa.
Llamada
a la responsabilidad colectiva
Desde
la Fundación FOESSA se insiste en que el informe no es solo un diagnóstico,
sino una herramienta para la acción. “El mayor riesgo es normalizar la
fragilidad”, concluyó Thomas Ubrich. “Si no se actúa con políticas
estructurales y sostenidas, la precariedad de hoy será la exclusión crónica de
mañana”.
Cáritas
en Galicia invita así a repensar el modelo social, reforzar los sistemas de
protección y construir un nuevo pacto social que sitúe la vida, los cuidados y
la cohesión social en el centro de las decisiones públicas".
